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Blog del Colegio Montellano

El Camino de Santiago

 

              El día 9 de julio nos encontramos un grupo de jóvenes  de diferentes lugares en La Coruña. Era nuestro punto de encuentro para iniciar la gran experiencia del Camino de Santiago. Del Colegio Mayor Montellano fuimos un grupillo: María, Mar, Paola, Patricia, Carmen, Luisa, Josefa y Naike. De Madrid vino otro grupo: Sandra, Pedro, Alberto y Pakea. Y luego también contamos Octavio y Víctor de Plasencia, con Esther de Lleida y con Laura de Burgos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

          La verdad es que la experiencia ha sido muy buena. Como la vida misma hemos tenido de todo: momentos buenos, no tan buenos, momentos duros…pero todo nos ha ayudado a crecer como personas y crecer como grupo. Hoy podemos decir que los lazos y vínculos creados en este camino jamás se olvidarán pues ha sido mucha VIDA compartida.

 

         Todos los días nos levantábamos pronto y antes de comenzar a caminar además de alimentar el cuerpo, alimentábamos también el espíritu con una pequeña oración que nos servía para entonarnos y reflexionar durante el camino. La primera media hora del camino íbamos en silencio reflexionando sobre lo que nos habían propuesto. La verdad es que estos momentos de silencio nos han ayudado a encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. Después ya era tiempo hablar, compartir, ayudarnos, hablar, reír, llorar, quejarnos… Una de las cosas que hemos aprendido en el camino es que “hoy por ti y mañana por mi”. Cada día era un reto para cada uno de nosotros, pues nos esperaban muchos kilómetros y algunas etapas sinceramente se nos hicieron muy duras. Lo bueno es que todos hemos experimentado en algún momento del camino la limitación, el no poder, la debilidad y ahí descubres la importancia de un gesto, una palabra de ánimo, de aliento, un “venga vamos, que ya llegamos”, un “estoy contigo, te ayudo”, incluso ha habido días que hemos
ayudado a llevar la mochila de otros… También todos hemos experimentado la alegría de poder ser ayuda y aliento para los demás.

 

 

         

 

 

         

 

 

 

   

 

                 Lo mejor era cuando llegábamos a los lugares: albergues, polideportivos… momento en el que Alberto nos tenía la comida preparada, por cierto ¡riquísima! Momento de ducharnos, de darnos masajes unos a otros. Y después momento de siesta, ¡qué buen momento! También había momento para salir a tomarnos algo por el pueblo donde dormíamos. Y luego, unos días antes de cenar y otro después, solíamos tener unas dinámicas que nos ayudaban a profundizar en el lema del día y sobre todo nos ayudaban a conocernos mucho mejor. Y finalmente antes de irnos a dormir una pequeña oración para recoger lo vivido, para dar gracias a Dios por todo lo vivido.

 

 

            Uno de los día que más nos sorprendió fue  en Seixon de Abajo, donde la señora Delia, nos acogió en su casa. Sí como lo oís, nos abrió las puertas de su casa y nos dejó las llaves de su casa. Las 16 personas que íbamos nos duchamos y dormimos en su casa. Delia, un señora sencilla, humilde, muy generosa y que estaba contenta de poder hospedarnos en su casa, y lo hizo gratuitamente. Quisimos en agradecimiento darle algo de dinero pero no lo aceptó. La verdad es que nos cuestionó mucho su actitud y la confianza depositada en nosotros, que al fin y al cabo éramos personas desconocidas.

 ¡Gracias Delia por abrirnos su casa, por dejarnos estar en su casa y sobre todo por la confianza que puso en nosotros!

 

               Y otro momento muy especial fue la entrada a la Plaza del Obradorio, nuestra meta. Es como si todo lo malo, las dificultades quedaran atrás. Entramos todos de la mano y una vez allí nos unimos todos de la mano y rezamos un Padrenuestro. De verdad por mucho que contemos, las palabras se quedan cortas, vacías, pobres… Por eso desde aquí os queremos animar a todos a hacer esta experiencia del Camino de Santiago, para quien quiera caminar por fuera y se atreva a caminar por dentro.

          A medida que pasaban los días se iban creando entre nosotros lazos y vínculos fuertes de amistad. Una de las cosas más bonitas de la experiencia del camino es que tocas lo mejor de las
personas, llegas a tocar fondo, llegar al fondo del corazón, al tesoro escondido que cada uno llevamos y eso hace que se crean lazos de verdadera amistad. Echando la mirada atrás descubrimos que el camino nos ha transformado a cada uno de diferente manera y que Dios nos ha tocado el corazón.

¡GRACIAS a todos/as por haberos lanzado a hacer esta experiencia, por todo lo bueno que cada uno habéis aportado al grupo!

Naike Martín.

 

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